La
ciudad de Barcelona es uno de los focos de referencia que se tiene de nuestro
país de cara al exterior ya sea por la reconocida popularidad turística existente
o por los diversos acontecimientos políticos vividos durante los últimos
tiempos. Sin embargo y pese a toda la riqueza que posee la antiquísima y
gloriosa capital catalana, esta oculta un lado oscuro el cual, en términos
generales, parece ser solo visible por los barceloneses de a pie o por algún
que otro despistado turista que ha tenido el infortunio de vivirlo en primera
persona con todo lujo de detalles; el aumento de la criminalidad y de la
inseguridad callejera.
Desde
el robo de carteras en las estaciones de metro hasta el uso de la violencia con
fines no muy éticos, la ciudadanía ha expresado su descontento en numerosas
ocasiones no solo por los actos delictivos en sí, que son una realidad, sino
por la manera de afrontar esta problemática que tienen determinados altos
cargos políticos los cuales más que tratar de paliarlos pareciese que trataran
de desviarlos de sus agendas.
La
presencia de la delincuencia es un hecho global y que no discrimina por países,
ocurre en mayor o en menor medida en todas las ciudades, no obstante, el
aumento de esta en el caso de Barcelona puede deberse a diversos factores como
el incremento de turistas con alto poder adquisitivo, los vigentes efectos de
la reciente crisis económica, el alto número de drogadictos, la inviolabilidad
ante la ley de los Menas y, sobre todo, de la mala gestión que se tiene ante
esta problemática pudiendo acrecentarse por la evidente fragmentación de los
encargados de velar por el bien y la seguridad de los ciudadanos entre
independentistas y no independentistas.
Alejandro Alonso Zurita
(alumno del grado en Ciencias Políticas)