Por curioso que resulte, los cataclismos políticos derivados de la larga investigación de la trama Gürtel esperaron a la mismísima sentencia: no es hasta entonces, tras la moción de censura que tumba al Gobierno de M. Rajoy y pone en jaque a la vieja guarida del Partido Popular (junio de 2018), cuando el páramo de sus electores queda abierto en un desértico espacio de oportunidades para las otras formaciones de la derecha. Ciudadanos y, más adelante, Vox aspiraban a ganar terreno al maltrecho, corrupto y, a ojos de la población, anciano PP: puede entenderse que el profundo alcance de la red clientelar, tanto geográfica como temporalmente, agudizaba el estado de histéresis del enfermo, atestiguándose el desfase entre la situación social de rechazo de la corrupción y los primitivos e impotentes instrumentos de defensa que ostentaba el partido, y remarcando, así, la complicación del necesario movimiento de reajuste. Ante una crisis de tales dimensiones (desconocidas en la historia del partido), la respuesta de reacción cabe entenderse, en los términos de P. Bourdieu (J.-B. Harguindéguy), como una regresión al habitus ideológico que yacía, herido, en su núcleo doctrinario original, representado en el XIX Congreso (junio-julio de 2018) por el joven sucesor de M. Rajoy, P. Casado; una defensa, podemos decir, basada en la vuelta a los grandes ideales del grupo conservador –el principal de ellos, la unidad de España.
J.-B. Harguindéguy, Análisis de políticas públicas (Tecnos, 2013), “Capítulo 13: ¿Cómo cambian las políticas públicas?”
Javier Sánchez García
(alumno del grado conjunto en Filosofía, Política y Economía)