La administración burocrática en las sociedades modernas occidentales ha devenido, según el filósofo alemán Weber, en la forma que toma el cuadro administrativo del estado moderno como dominación legal. Un aspecto sobre la burocracia en los gobiernos, administraciones y toma de decisiones político-públicas que se muestra hoy más presente que nunca. Y es que la racionalidad formal ha ocupado por completo el ámbito administrativo de los gobiernos a lo ancho y largo del globo: énfasis en la calculabilidad, la eficiencia y en la predictibilidad de fenómenos económico-políticos, etc. Todo ello se ve materializado en una sustitución progresiva de la tecnología humana por la tecnología no-humana que no deja de suponer el desencantamiento del mundo al vernos dentro de una jaula de hierro. Y es que estos procesos basados en la calculabilidad y la predictibilidad que implica la tecnificación de muchos ámbitos de la vida, implican una pérdida de libertad política y con la burocratización del ejercicio del poder, la existencia de un liderazgo político va disminuyendo. Es decir, el poder se va burocratizando. Para Weber el capitalismo y la burocracia son las dos grandes formas de racionalización y se puede considerar que se derivan de una fuente básica: una especial ética religiosa caracterizada por el ascetismo intramundano. Este tipo de racionalidad va abarcando progresivamente todos los ámbitos de la sociedad moderna. De esta manera, el Estado rige sus competencias legales en base a una racionalidad formal que coarta la libertad política del individuo, enmascarando así una represión que hoy se sigue aceptando como natural y que nos produce un desencanto con la administración pública y un severo rechazo a los procesos burocráticos.
Mario Martín Martín
(alumno del grado en Filosofía, Política y Economía)